Me incluyo en el maravilloso grupo de gente que disfruta de comer, sí, pero de comer bien, delicioso, increíble y sin reparos. Yo no le pongo pero a nada, pruebo de todo, y si me gusta, me siento la persona más feliz del mundo, como lo fui en Cocina Conchita.

Ahí, casi donde inicia la avenida Álvaro Obregón, partiendo desde Insurgente, en el número 154, se encuentra Cocina Conchita, un restaurante inspirado en la comida típica y popular de Ensenada y del Valle de Guadalupe, Baja California. Su chef es Diego Hernández, un artista culinario que se jacta de tener un lugar único, pues a diferencia de otros con una oferta similar, su ambigú es el único que conserva la tradición a la hora de preparar sus delicias.

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Ostiones, pescados y mariscos o lechón son los ingredientes principales que figuran en el menú conformado por tacos, tostadas, ceviches, ensaladas y de más. Todo está fresco, listo para comerse. En la mesa hay tostaditas, salsas caseras y envasadas, para al que le gusta que la comida pique mucho o nada más tantito. El servicio es excepcional, los meseros son rápidos y atentos. Sus recomendaciones buenas.

Pero Conchita no sólo tiene un exquisito gusto culinario, sino que también ha sabido recrear un espacio con todos los elementos idóneos para que los comensales se sientan cómodos. La música está perfectamente elegida y el volumen invita a la conversación. Sus colores claros, verde y crema, relajan, brindan una sensación de bienestar. Todo esto, aunado a su decoración –cuadros, plantas y detalles como frases en las paredes—, transporta al visitante a un lugar distinto. Quizás a una fonda provinciana.

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Cocina Conchita merece ser visitada por todos aquellos, que al igual que yo, gozan darle un buen mordisco a una tostada crujiente con un pescado suavecito del día o comerse un taco de lechón con chicarrón. ¡Qué delicia!

 

Texto por: Lluvia Marina Lozano.